Póster: Alma perdida

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¿Dónde puedo dibujar con lápiz el borde del trozo de alma perdida que me pertenece cuando, a mi alrededor, empezó a nevar con almas… creo que perdí la mía? Sí, no sé, lo tenía en la mano, te lo juro, y luego desapareció, como un niño vagando por las calles. Y mi alma no sabe manejarse sola. Nunca le enseñé dónde vivo, ni le di mi número de teléfono. Debe estar asustado, sentado en algún lugar, rodeado de moléculas de frío, rodeado de almas extrañas. Y no, ni siquiera es sociable. Es una verdadera tragedia, les digo, y no tengo ni idea de dónde buscar. ¿A dónde suelen ir las almas? ¿A dónde iría un alma en una noche de invierno cuando la inmaterialidad comienza a fluir en la Tierra como la miel en una taza de té?

Y toda esta historia es tu culpa.

Desde que te conocí, mi alma estuvo comportandose de manera extraña, pero no me di cuenta. Pensé que era solo un período por el que pasan todas las almas. Incluso cuando llamó a mi puerta antes de que yo entrara, me dije que pasaría. Y ahora… ahora no sé qué hacer sin él. ¿Cómo podría mirarme al espejo y verme a mí mismo? ¿Cómo me mirará la gente en la calle? No puedes caminar así sin alma. Tengo este carioca en mi mano y no sé dónde está mi alma para poder dibujar su contorno y llevarlo a casa.

Tal vez esté en algún lugar entre tú y yo, así que podrías ayudarme a pegar carteles con ALMA PERDIDA en las sombras de febrero, y tal vez alguien lo vea y me lo devuelva. Es tarde, lo sé, pero si no lo encuentro, me volveré loco. Todo lo que me queda son algunas transcripciones de algunos latidos y… el polvo que luego se acumuló sobre ellos.

Ni siquiera me doy cuenta, ¿es mi latido o el tuyo?

Últimamente había empezado a acercarme tanto a ti que los confundía, aunque les dije muy claramente que el mío sonaba como el paso de un oficial más que como el ruido de un reloj. Pero lo perdonaría por todo. Y le dejaría escribir cualquier latido que quisiera, siempre que estuviera a mi lado. Cuidaría mejor de él. De hecho, yo también te perdería, solo para saber que él regresará. A partir de ahora ya no me interesaré por las personas, solo por las almas. Me aseguraré que tenga más amigos y que salga más al mundo, que también hable con otras almas. Le enseñaré cómo llegar a casa y le haré memorizar mi número y la calle para que sepa por dónde regresar. Le haré un pastel de chocolate y pasteles de helado. Voy a…

¿Y si no se perdiera y quisiera irse?

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Autor: Anca Iulia Raicu

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