¿Por qué reímos menos después de los 23 años?

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No es ningún secreto: a medida que envejecemos, tendemos a ser más serios, más responsables. ¿Nos estamos divirtiendo menos? ¿Reímos menos después de los 23 años? La ciencia dice que sí. 

Según un estudio de Jennifer Aaker y Naomi Bagdonas, de la Universidad de Stanford, California, existe una edad en la que la amplia sonrisa se borra a favor de una actitud «más seria». Es un fenómeno que los dos investigadores estudiaron en más de 160 países y finalmente determinaron su causa.

El estudio de los dos profesores citado por The Times, muestra que un niño de 4 años se ríe en promedio unas 300 veces al día, mientras que un adulto de 40 años alcanza este porcentaje en 10 semanas.

¿Cómo se explica tal fenómeno? Jennifer Aaker y Naomi Bagdonas dicen que el principal culpable es el trabajo. «Cuando llegas al mercado laboral, se acaba la risa», dicen. 

Para llegar a esa conclusión, se realizó una encuesta a más de 1,4 millones de personas en 166 países.

Conclusión: a partir de los 23 años, es decir, cuando los jóvenes empiezan a entrar en el mundo profesional, la frecuencia con la que las personas ríen empieza a disminuir significativamente. 

«Crecemos, entramos en el mercado laboral, nos convertimos de repente en personas serias e importantes, sustituimos la sonrisa por la corbata y los pantalones», dicen los dos investigadores. 

La paradoja es que la risa es un «superpoder» que pesa en la vida profesional. El sentido del humor es una cualidad que a veces se tiene en cuenta en las contrataciones. Más de 98% de los directores que se entrevistaron dijeron que preferirían contratar a gente bien dispuesta que a gente poco entusiasta. Además, afirmaron que los superiores jerárquicos que tienen sentido del humor son más respetados por sus empleados. 

«La pérdida colectiva del sentido del humor es un grave problema que afecta a las personas y a las organizaciones de todo el mundo», es la conclusión de Jennifer Aaker. Pero afortunadamente, esta pérdida de sonrisa no es irreversible. Empezamos a reír de nuevo desde el momento en que nos jubilamos, es decir, después de unos 40 años de seriedad, asegura la investigadora.

Cuando miro a la gente que me rodea parece que es así. La mayoría de nosotros perdemos la habilidad infantil de ver la belleza en las pequeñas cosas de la vida y nos reímos de las cosas tontas, por… nada.

Cuando somos jóvenes, la mayoría de nosotros tenemos sueños hermosos y grandes metas en la vida. Apenas tenemos responsabilidades, excepto la escuela y «aguantar a nuestros padres», no tenemos experiencias de la «vida real» y la vida es sólo una «gran fiesta». Creemos que somos fuertes, poderosos, indestructibles y estamos seguros de que nadie ni nada puede interponerse en nuestro camino hacia el éxito. Estamos seguros de que lo haremos mucho mejor de lo que lo hicieron nuestros padres y abuelos y que tendremos una gran vida. Sin mencionar que la sociedad moderna nos enseña desde pequeños que nos merecemos todo y que podemos tener todo lo que queramos. Crecemos con todas las expectativas y creemos que la vida es muy fácil y sin problemas.

¡La risa es una terapia a la que todos tenemos que acudir!

Diría que la edad no decide necesariamente cuánto nos reímos o no en la vida. Mucho dependerá de nuestras experiencias y de nuestra personalidad, fuerza y actitud ante la vida. Algunas personas a medida que pasan por la vida se ríen cada vez menos y otras… siguen riéndose hasta el final. Conocí a algunas personas que, a pesar de que tuvieron una vida muy dura, rieron como niños incluso cuando tenían 80 y 90 años. ¿Por qué reímos menos cuando tenemos todos los motivos de acudir a «esta terapia»?

Así que, ¡a reír se ha dicho!

Pues, ahora que ya sabes lo que hay que hacer, te invito a leer también sobre el Día Mundial de la Alegría. La próxima, ¡no te la puedes perder!

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