Para la gente sola: ¡Olvida la soledad!

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Somos seres humanos. Somos animales sociales.

Porque somos seres humanos, funcionamos socializando. Cado uno de nosotros lo sabe, aunque sea en un modo consciente o no. Cada uno de nosotros busca, en una manera más o menos activa, un séquito. Para la gente sola: ¡Olvida la soledad!

¿Consideráis que somos seres completos?

Nos nacemos no sabiendo nada, desconociendo a todos y, a lo largo de nuestra entera vida, intentamos descubrir y aprender cosas nuevas, y conocer nuevas personas. Hacemos todo esto intentando completar nuestra existencia, en un proceso eterno de buscar.

¿Qué buscamos? No lo sé. ¿Quién lo sabe?

Preguntas como estas aparecen en la mente más a menudo envejeciendo. ¿Que hago yo aquí? ¿Que busco yo en esta universidad? ¿Porqué estoy en esta ciudad? ¿En este país? ¿En este planeta? ¿Qué intento o qué deseo encontrar en la  persona X o Y? Toda esta gran niebla de pensamientos nos impide ver y entender lo que pasa en nuestro entorno.

Puedes ser rodeado de amigos y colegas, o puedes estar con tu familia, o a lo mejor con la persona amada en una relación fenomenal. La soledad no tiene en cuenta estas cosas.

¿Es algo malo? No necesariamente.

El estado de la soledad es definido como una respuesta emocional al aislamiento.  No importa que el aislamiento sea por culpa de otros de nuestro entorno, causada de circunstancias que no las podemos controlar, o  nosotros mismos nos aislamos, pero sentimos que estas cosas pasan por un motivo alguno.

Y si el motivo no es claro inmediatamente, entonces la búsqueda del motivo puede servir como cura y entendimiento de uno mismo.

Siendo sola, intentas averiguar porqué. ¿Pero a quién preguntar? Eres solo tú. Tu, en un gran mundo, que parece vacío, aunque tu sabes seguramente que no es así. No ves a nadie en tu alrededor. Son miles de millones de almas como la tuya, pero tu no ves el bosque por culpa de los árboles. Así que pasan días, semanas, meses, años en los que crees que estás en tus propias insuficiencias.

Las estudias.

Te estudias.

Llegas a entender que lo que tu creías alguna vez, que es una tontería, lo que haces, en el estilo que lo haces, pero eso es lo que te hace especial. Tus raros gustos musicales te ofrecen confortabilidad y llegas a entender mensajes que solo tu puedes entender. Tus pasatiempos aburridos comienzan a entretenerte. Encuentras silencio en cosas que las hacías antes a regañadientes.

Las aceptas.

Te aceptas.

«Hay consuelo en la gratitud.»

Sientes que te respetas y te quieres. Que significas algo, si no para este gran mundo, por lo menos para ti. ¿Debería ser suficiente, no? Pues no. Pasando tanto tiempo contigo mismo, sólo en tu rincón de mundo, te has desprendido del resto del universo. Han pasado los años por encima de ti. Sientes anhelo.

Y comienzas a abrirte. No funciona siempre, pero tu lo has intentado. ¿Qué más da si te han rechazado o te han ignorado? Hay mucha más gente igual. Algunos, como si fuera por un milagro, no te ignoran. No te rechazan. A lo mejor es por curiosidad, o por bondad, pero te llevan con ellos.

Recuerdas que no todos son iguales

Somos seres humanos, pero, no todos somos iguales. Algunos son buenos. Unos te hacen sentir completo. Viéndote, intentas «traer» el  mismo sentimiento y dárselo a otros que, alguna vez te han pescado de un charco sin fondo. A veces funciona, otras veces fallas. Pero, tu no te rindas.

Se sienten apreciados.

Te sientes apreciado.

(Aunque nunca lo reconozcas.)

Amas el mundo. Amas la vida. Pero no siempre. Nadie no tiene tanta claridad de pensar. Pero suficiente como para darse cuenta que las espinas de tus costillas que te tenían atrapado en la cama por horas, ahora te sacan afuera, te empujan a la vida.

Te arriesgas. ¿Lo lograste?

¿Sí? ¡Perfecto, continua!

¿No? ¡Perfecto, continua!

Un poco de silencio te ayuda un montón. Ahora, donde encuentras ese silencio es más complicado. Pero busca. Encuentra tiempo para hacerlo. Encuentra el silencio. Déjate solo de cuando en cuando.

Acepta la soledad como una emoción normal, como la alegría, la tristeza y las otras emociones. Solo no olvides de ti mismo. Rodéate de lo que te trae paz y placer, sin importar lo raro o estúpido que parezca, a ti o a otros. Si no aprendes a quererte y a apreciarte, los otros probablemente no lo harán.

Así que apréndete. Redescubrete. Acéptate.

El silencio no significa la falta de música. Tener humor no significa decir chistes. El amor no significa flores y luego niños. La invasión no es solo soldados y tanques.

Autor: Vlad Ilie

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